
Hay bodas que las trabajo con la pareja, hay bodas que las trabajo con la familia -todas son igual de hermosas y un camino particular cada una- De y Chico tienen una hermosa familia que los lleva de la mano, los sostiene y los insta a seguir hacer crecer el fruto de un hogar al que honrar.
En este escrito hay mucho que decir, y es que no en todas las bodas vemos tantos detalles, y cuando hablo de detalles me refiero a que su mamá, Dña Maria Inés, haya sido tan entregada que su amor de madre artesana se fuese hasta en el lazo matrimonial que portaron como pareja.
Nos conocimos gracias a que Maria del Mar y Francisco fueron a la boda de una de mis primeras parejas. Tuvimos mi primera reunión habitual, conocí a Dña María Inés y de ahí partimos la aventura de organizar uno de los días más importantes para la pareja, pero además para una familia entera que eran testigos del amor que había crecido entre la Dra. y el Ingeniero.
Y, como dije antes, hay bodas que llegan con una familia y en esta aventura todos estuvieron aportando su valioso recurso para que los novios vivieran a plenitud un día tan lindo. Dña Inés preparó con sus manos las coronas de las invitadas para la hora loca, customizó los sombreros de los chicos, trabajo las perlas que llevaba el ramo de novia, trabajo las cajitas de goodies de las damas, abanicos personalizados, pashminas, varitas de luces, en fin sus manos estuvieron dando amor a muchos detalles, pero no hay detalle más importante como el que madre e hija tejieron el Lazo o Rosario de matrimonio que los uniría ante Dios para siempre.
Así como la boda tuvo tantos detalles lindos, así mismo los novios se prepararon para dar la sorpresa de cantar "Ven del líbano", un canto particularmente hermoso que es significativo para las bodas catécumenas. Un canto que habla del amor entre una novia y su esposo, de cómo el esposo invita a la novia a abandonar un país difícil y peligroso (el Líbano) para reunirse con él, con su amado. Mientras Francisco iniciaba el canto, abríamos las puertas de la Iglesia para hacer entrar a María del Mar, quien a mitad de su entrada se uniría al canto. Un momento que nadie imaginó y que todos los que sí sabíamos, esperábamos con ansias.
Esta noche, además de tantos detalles hechos a mano, se vivieron discursos de amor de bienvenida de cada uno de las personas mas importantes para los novios, sus padres, sus abuelitos, sus hermanos, y hasta su sobrino. Y me parece oportuno mencionar que, en este momento tan importante de agradecimiento a los invitados y de acogimiento para cada una de las familias, Dña Inés entrego a Maria del Mar una pulsera con pétalos de rosas, las rosas que Chico le regalaba a ella, Del Mar.
"¡Díganme si no fue una boda demasiado emotiva?!"
Ahhh y el baile, una pieza de un minuto que se vió con tanto amor, tanta profundidad y donde los dos tenían la mirada puesta el uno en el otro, como si el tiempo se detuviera justo en este momento para ellos, para eternizarse y que en sus memorias prevaleciera sin desvanecerse, y que, esa mirada fuese una brújula para cualquier tribulación que como matrimonio puedan vivir.
Una boda que no dió paso a una pareja iniciar su hogar, sino tambien unificó dos hermosas familias que son el ejemplo y el pilar de un par de jóvenes que con Dios en el corazón, emprenden de la mano a seguir su camino catecumenal, ahora como esposos.
